Las veteranas de las luchas votan por nosotras
Hay herencias que llevamos cosidas en el alma y, sobre todo, en el cuerpo. Nosotras sabemos mucho de eso, porque no venimos de las grandes gestas ni de héroes lejanos, sino de las pequeñas luchas cotidianas, que son las mayores, que son constantes y tenaces, que no se rinden. Nosotras venimos de las que lucharon antes en las casas, en los barrios, en esa terquedad tan suya para que estudiáramos. “Cariño, no te cases con un dentista, sé dentista tú”.
Lucharon por nuestra libertad económica, muchas veces a palos, por la libertad sexual, por una educación de calidad, por una atención sanitaria pública y suficiente. Muchas de ellas, la mayoría, no confrontaban las violencias directamente, pero nos enseñaban cómo soslayarlas, y estaban ahí siempre. Su integridad física y psicológica, sus vidas mismas por supuesto corrían peligro. El campo de batalla eran sus cuerpos, la casa, la calle, los espacios íntimos y de ocio. En cuanto al ocio, para la que pudiera permitírselo, que no eran muchas.
Recuerdo cuando vi el magnífico documental de la arquitecta Reyes Gallegos titulado Ellas en la ciudad. “Hay una generación de mujeres invisibilizada a la que le debemos casi todos los servicios básicos de nuestros barrios”, dijo Gallegos en la SER, y me di cuenta de que hay una generación de mujeres invisibilizada a la que le debemos todo.
Esas mujeres, nuestras mayores, consiguieron todo aquello que ahora disfrutamos: las aceras y los ascensores, los colegios y los ambulatorios, pero también el divorcio, el aborto, los derechos sexuales y reproductivos, la paridad, las igualdades que tenemos y la idea concreta de las que no tenemos todavía, los cuidados compartidos (hasta donde se ha llegado). Lo consiguieron con su voto. Pisando calle, y votando en consecuencia.
En este momento, el porcentaje de personas que afirma no saber a quién votará o que no contesta a esa pregunta roza el 20 por ciento. La mayoría de esas personas son mujeres. Y esas mujeres no nos van a dejar colgadas, no van a permitir que nos arrebaten todos los avances que consiguieron ellas, todos los derechos que lograron. Vamos, ni uno solo.
Seguramente están desencantadas y tienen muchas razones. La política de partidos es muy mezquina, con ellas con las que más. La inmensa mayoría de los partidos sólo mira a nuestras veteranas cuando llega la siguiente campaña electoral, y la verdad es que ni aun entonces hablan de ellas. Así que tienen fundados motivos para mandarles a todos a pastar. Sin embargo, tengo la absoluta seguridad de que volverán a arrimar el hombro, como siempre han hecho. Sin alharacas ni medallas. Son nuestras veteranas de las luchas cotidianas. Y votarán por nosotras.
Público
