Son otros tiempos
El ser humano tiene una tendencia inequívoca a justificarlo casi todo con el paso del tiempo. Solemos decir cosas como: «Eso ya no se hace así», «Son otros tiempos», «La gente ya no se compromete», «Son otros tiempos», «No mires al pasado, son otros tiempos».
La inacción, la falta de compromiso o la falta de inquietud por el conocimiento de lo que «ya pasó» se justifican de una manera insolente, como si nada de lo pasado nos afectara en el presente.
No me gustaría dar una impresión equivocada con mis palabras. No podemos anclarnos en el pasado, pero también es cierto que, hasta en ámbitos como el de la ciencia, debemos los avances actuales a las equivocaciones y, a su vez, a los aciertos de los ilustres científicos que, en su día, trabajaron una idea brillante o se encontraron con ella mientras trabajaban.
Sería lógico pensar, entonces, que, si a la ciencia le ha funcionado indagar y usar ideas del pasado para mejorar, imaginar o cuestionar lo establecido en busca de mejores resultados, también podría ser una práctica adecuada en cualquier ser humano consciente.
Siendo así, ilustrar nuestras mentes suficientemente para ser capaces de no cometer los errores del pasado como sociedad, sería correcto. Desafortunadamente, no es así. Como decimos por nuestras tierras: «Se le está viendo el andar a la perrita». Nos quieren analfabetos del pasado, no vaya a ser que lleguemos a conclusiones razonadas. ¡Qué peligro más grande! Y lo es. No es casualidad que las sociedades restrictivas prohíban la libertad sexual, la libertad de prensa, la libertad de movimiento, la libertad religiosa, la libertad de la mujer, etc. La libertad, en general, les asusta. Curioso denominador común para las dictaduras de derechas, de izquierdas, las teocracias, al pensamiento único, la dictadura de la información sesgada, al aplanamiento mental causado por el bombardeo de información interesada de las redes...o al nombre que le quieras poner.
El pasado… ¡Qué pereza el pasado!, ¿verdad? Pero resulta que nuestro pasado es un camino que inexorablemente volveremos a transitar si no actuamos, todos y todas, con el bastón de la acción dirigida inequívocamente a la búsqueda de la dignidad del otro, sea quien sea, salvo si el otro es la mano que ejecuta la miseria del desfavorecido. Ante esto solo hay un camino: LA LUCHA INCANSABLE. Bueno sería preparar nuestras mentes.
