Los cirujanos. 2
Durante la madrugada siguiente, la misma hojilla con la que se había cortado le sirvió para hacer la primera disección: nos habíamos escabullido en la huerta antes del amanecer y avanzábamos casi a tientas entre los rolos. Mi hermano se paró frente a una enorme piña y comenzó a realizar un corte finito sobre el plátano más gordo hasta lograr sacarlo entero. La cáscara vacía quedó intacta para que la operación no fuese descubierta. A medida que avanzábamos entre los parterres buscando más productos que diseccionar, nos advirtió que la cirugía solo sería exitosa sobre los plátanos más pintones; los más verdes eran difíciles de sacar.
A partir de aquel día la astucia creativa de mi hermano, nacida de adversidad cotidiana, iba a darnos un respiro; ya no sería necesario recurrir al asalto directo; nos incautaríamos del producto mediante labores de inteligencia. Conseguiríamos las herramientas imprescindibles para llevar a cabo la nueva actividad agenciándonos de varias hojillas que encontramos en el vertedero del barranco. Con el paso de los días fuimos mejorando la técnica, hasta convertirnos en expertos cirujanos.
