Mentir
Juan Bravo
Sentir un deseo de poder
que muestre mi superioridad.
Probar a ser un superhéroe,
un salvapatrias, un iluminado.
Sobornar.
Practicar un juego en el que yo pongo las reglas.
Practicar un juego en el que yo me salto las reglas.
Yo.
Tal vez unos cuantos acólitos, pero por encima de todos, Yo.
Yo con mayúsculas. Yo, el centro del mundo.
Criticar.
Maldecir con elegancia.
Por supuesto, no soy prepotente. No tengo segundas intenciones.
Quizá no tenga intenciones ni segundas.
Sentir mi dedo sobre ellos.
Ellos que me votaron, me subieron, me alaban.
Me quieren.
Subo al pedestal sin rubor, sin notar las miradas en el cogote.
Ellos que me adulan, que me aman, me temen.
Yo, todopoderoso jefe de gobierno, inmisericorde jefe de gobierno.
De este gobierno. De todos los gobiernos.
Yo, en la cumbre del mundo.
Me adoran, me odian, les miento, me aman.
Yo, Nerón, tal vez Adolfo, quizá George o Napoleón.
Es igual.
Yo.
