Homenaje anónimo y plural

Fran Baute

No las conozco de nada, ni siquiera sé cómo se llaman, pero siento que tienen más que merecido este reconocimiento modesto, limitado, pero cargado de agradecimiento, afecto y admiración a raudales.

Hablo de las trabajadoras (que atienden a l@s usuarios tras los cristales) de la portuense estación de guaguas. En los tiempos que corren, donde escasea el trato amable y abunda la seriedad y los tonos secos y cortantes, ellas te reciben siempre con una sonrisa auténtica, innata, y se prodigan en todo lujo de indicaciones y detalles no solo para que las más variadas dudas queden saldadas, sino como intentando trasladarte su " buen rollito de fábrica".

Son de edades y estilos dispares, pero por alguna razón que se me escapa (no creo que sea solo cuestión de fortuna a la hora de " seleccionarlas") consiguen compartir las cuatro un torrente de complicidad, entusiasmo y generosidad "hasta decir basta “, que hace que toda la gente a la que atienden salga/amos como "transportados”, sin llegar a coger la guagua jajaja y con la firme convicción, de que, con ellas el " servicio público " siempre gana.

Hoy, lo confieso, me paré a observarlas.

La cola era relativamente larga, pero ellas (dos) atendían afanosas, ajenas a los tiempos y solo " fajadas" en dar la información correcta y cuantas explicaciones fueran necesarias.

A una señora peninsular que quería ir a " ver el volcán" solo le faltó darle del Teide, su medida exacta, pasaron dos o tres jóvenes que iban a reponer la tarjeta y se fueron con la alegría puesta, luego, un señor mayor preguntó casi lo mismo seis veces y ni aun así ellas perdieron complicidad ,cercanía o paciencia, en medio le dijeron adiós, como si tal cosa, al segurita que iba de un lado p 'el otro....y así...hasta que llegué yo, que para que no se notara que, en realidad, solo me había parado a observarlas, improvisé una intrascendente pregunta sobre la 352 o la 353 ( ya ni se), a la que, por supuesto, contestaron con una profesionalidad del carajo ,con una entrega admirable y desbocada.

Además, advertí cómo donaban otra sonrisa desinteresada, al tiempo que me deseaban una casi imperceptible 

" buena tarde", imperceptible no por proferirlo a regañadientes o en voz baja, sino porque ya mi justiciero oído y mi mente andaban en otros lares, pensando en cómo rendirles este anónimo, modesto y plural homenaje a las ejemplares trabajadoras de la portuense estación de guaguas.

¡GRACIAS!

P.D. Si las conocen o son amigas de algun@ de ustedes, no hace falta que se " chiven" de este escrito, solo díganles que oyeron decir en las guaguas de todas las líneas, que, en la estación del Puerto, el " déjate llevar," se cumple de verdad con la atención en ventanilla.

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