I wish I knew
Juan Bravo
Cuando Trane entró, McCoy llevaba un rato dentro. Aunque, para ser exactos, Jimmy y Elvin habían puesto los cimientos, un poco antes. La atmósfera, cargada, se ceñía al guión tantas veces repetido. El humo superaba en mucho los valores de otras veces. Cuando Trane entró, lo hizo como siempre. Suave. Quedo. El terciopelo blanco y negro habitual se puso en marcha. Terciopelo. Los tonos grises, a aquellas horas de la madrugada, se mezclaban con los negros del fondo. McCoy se empeñaba en suavizar la alfombra sobre la que Trane debía deslizar un sentimiento. Eso era. Se llamaba sentimiento, a pesar de las horas. Un sentimiento que, después de alguna repetición, volvía a aflorar desde las sombras. O desde los pulmones. Pero, sobre todo, desde el corazón. McCoy no paró nunca hasta llegar al final. Sus alfombras producían escalofríos. Cálidos escalofríos sobre los que subían terciopelos como nubes en el amanecer. Una chimenea hubiera sobrado. Unos leños no estarían de más, sobre todo por la época. Pero no hicieron falta. Ya había suficiente humo con los cigarros de Elvin. Las paredes reflejaban las suaves luces. Tenues para que no escape este ambiente. Trane continuó lento, leve; arranques virtuosos lo delatan desde el principio. No lo negó nunca, desde que creyó conocer, desde que deseó ser lo que fue. Terciopelo. Y otra vez viento mezclado con humo para crear atmósferas etéreas, aéreas, graves, sensuales. Impecable. Alguien cierra los ojos, no respira, no mira, no dice. Todo está rondando horizontes azules, tugurios ajenos. Güisquis al otro lado del cristal; algún vaso sonaba a pesar del silencio, por favor. Humo. Dedos imprevisibles, recatados dedos independientes. A pesar de la nota, independientes. Sumergidos dedos de carne y sangre y corazón. Humo. Rudy, al otro lado del cristal no puede contener un pensamiento de orgullo. Lleva mucho en esto y, a pesar de todo, no puede, no debe reflejar lo que siente. O sí. Llevar tiempo no significa nada, a pesar de todo. Porque hay cosas que producen lo que se pretende. Y eso estaba pasando allí, en Nueva Jersey. Y él estaba para sentir, como todos los demás, a aquellas horas, lo que el viento, el aire, trasmitía tan nítidamente. A pesar del humo. O, quien sabe, gracias a él. Porque esta magia aterciopelada volvería, pero no sería igual. Allí se producirían más atmósferas parecidas a aquella, a aquellas horas, a pesar de todo. Quizá nunca volvería a ser como aquel día. Pero habría que intentarlo. Porque esta magia no podría quedarse en sólo cinco minutos y acabar. Efímeros cinco minutos de magia inigualable, superable, quizá irrecuperable. Y, sin embargo, uno tiene las mismas sensaciones a estas horas de humo, tugurio, güisqui. Y, es curioso; al fijarse, hay más de dos ojos cerrados. Porque, mantenerlos abiertos pueden denunciar íntimos ojos delatores de deseos ocultos. Como Trane. Como Jimmy. Jimmy desliza sensaciones opacas, graves quizás. Pero, de repente, se vuelven trasparentes, como las de Trane. Deseos. La clave, junto con el sentimiento. Por conocidos, son deseos que fluyen como manantiales, como aire, como humo. Sólo fluyen. Y sólo se rompen para contestar a otro deseo, anterior, primitivo quizá. Pero, sobre todo, humano. El deseo de conocer. Pero puede ser cualquier deseo. Pecadores deseos de tugurio lento, leve pecado en frentes opacas. Sombras. Humo.
Recreación de lo que pudo haber sido la grabación del tema de Harry Warren, I wish I knew, perteneciente al album de John Coltrane Ballads.
John Coltrane: saxo tenor
McCoy Tyner: piano
Jimmy Garrison: bajo
Elvin Jones: batería
Rudy Van Gelder: ingeniero de sonido
Grabado en los Estudios Van Gelder entre el 21 de diciembre de 1961, el 18 de septiembre de 1962 y el 13 de noviembre de 1962.
