Pido perdón
Pido perdón por mi falta de estilo.
Es más, pido perdón por mi insolente falta de estilo.
Es terrible mi falta de dignidad,
mi falta de bien estar, de savoir fair.
Aunque no sepa qué significa savoir fair.
Pido perdón por no saber comportarme en público.
Tampoco sé comportarme en privado.
Pido perdón por esta pinta desarrapada, indigna,
por mis piojos, mis garrapatas, mis gatos sarnosos.
No tengo pasado, ni siquiera un turbio pasado que ocultar.
No tengo futuro porque no tengo presente.
Carezco de educación, maneras, formalismo.
Tengo, en cambio, mala conciencia por ensuciar las estadísticas,
por no estar en las estadísticas,
por profanar las calles, por pedir.
También me excuso por mi mala imagen,
por mis trapos pasados de moda, descoloridos, viejos. También eructo.
Mi look no se adecua a las últimas tendencias de la moda actual, al prèt a porter, a la alta costura.
Me excuso por no estar en la cola del paro, ni en la cola del supermercado,
ni en la cola del metro, ni en la cola del banco.
Pido perdón porque no entiendo de política, ni de economía, ni de arte, ni sé quién es Platón.
Incluso pido perdón por no ser de izquierdas, por no estar afiliado, por no ser militante.
Pido perdón por no votar.
Pido perdón por no cumplir con mis responsabilidades públicas;
no tengo responsabilidades. También pido perdón por eso.
No consumo, no voy de crucero al Caribe, no me estresan los atascos.
Ya lo sé, soy raro, soy feo y mal hecho.
Soy indolente, insolente, fracasado.
No he perdido el norte,
ni el decoro, ni la camisa,
ni estos calcetines llenos de agujeros amarillentos, porque nunca los he tenido.
Pido perdón por este poema trasgresor,
por perturbar las conciencias, las tranquilidades, las almas blancas.
Por mi torpe forma de mostrar mis miserias, mis ignorancias,
por todo eso y mucho más,
pido público perdón
y me daré golpes de pecho hasta la extenuación.
