Testamento de viernes
Juan Bravo
Quizá debería no pensar en lo que el lunes me espera,
por eso el viernes es el día de legar
para otro día lo que algún día no habría que hacer.
Tengo una carta de hacienda
que dejo claramente para el lunes
por no enturbiar mi fin de semana.
Tengo una preocupación indefinida
que no sitúo claramente
quizá en el lóbulo izquierdo
por ser de geografía social.
Otra preocupación situada, ésta sí, claramente,
en el lado derecho. Lo crematístico, no sé,
va siempre en el lado derecho. Y es que hacienda
y llegar a fin de mes van siempre en el lado derecho.
Tengo una música pendiente,
un jazz teñido de tristeza,
un Body and soul lastimero. Ésta no la dejo
para el lunes, ni siquiera esperará al sábado.
Stan Getz la siente, la transmite y no admite esperas.
Tengo un libro esperanzado
en la cola de los libros,
impaciente, condescendiente, intrigado.
La espera no le sienta bien porque cree que tiene preferencia.
Y tiene razón. El lunes es su día.
Tengo un pensamiento indecente para el lunes,
un pensamiento que no tiene que ver con el sábado
que no tiene que ver con el domingo.
Un pensamiento de estrangulaciones de oficinas,
de jefes, de teclados, de bostezos, de todavía quedan dos horas.
Lego, en fin,
un poema no escrito
parecido a éste del sábado para el domingo para cuando llegue la musa
y me deje legar de nuevo para el martes.
Variaciones sobre un poema de Mario Benedetti
