El invisible

Juan Bravo

Como en muchas empresas con un número suficiente de trabajadores, en la que trabajaba Monteverdi, había miembros del Comité de Empresa pertenecientes a diversas Centrales Sindicales. Algunos liberados con sus horas sindicales y otros no. Y como en todas partes, algunos funcionaban como elegidos por los trabajadores y otros como elegidos por la patronal. Estos últimos funcionaban como lameculos bien disciplinados, porque las prebendas suelen marchar entre bien y muy bien. Ir a contarle a los jefes y jefas lo que se cuece en los pasillos, lo que dicen de ellos unos y otras, la mayoría de las veces suele tener premio: vista gorda en la facilidad en pillar horas sindicales para asuntos de dudosa utilidad para, se supone, defender los intereses de los trabajadores…

Uno de esos delegados, pongamos que se llamaba Ernesto, representante de uno de los sindicatos mayoritarios, al que era imposible localizar ni en su móvil ni en el sindicato ni en su casa, era de esos que, muchas “malas lenguas” ubicaban en la playa o de compras o en su casita, calentito. Es verdad que sin pruebas. Pero…, curioso no encontrarlo nunca.

Monteverdi no estaba ni se había presentado para formar parte del Comité de Empresa. Pero Monteverdi comentaba con los compañeros y compañeras, no solo la situación de la empresa, sino que también opinaba de la situación del mercado de trabajo del país y de la situación política y, dicho sea de paso, con bastante conocimiento de causa.

El caso es que los sindicatos plantean hacer elecciones sindicales porque se cumplen los plazos y llega el momento de ir buscando posibles candidatos.

Precisamente, ese delegado invisible, aparece, por fin, por la empresa y se fija que, para la plancha de su sindicato mayoritario, uno de los trabajadores interesantes es Monteverdi.

- No puede ser, Monteverdi, que haya miembros del Comité de Empresa a los que la gente llame y nunca estén cuando se les necesita. Tú eres un tipo que vale para eso, para pelear por los trabajadores de esta empresa. Te apunto para las listas.

- ¿En serio me estás contando esto, Ernesto? ¿Sabes cuántos compañerAs y compañeros intentaron localizarte porque necesitaban de tus “conocimientos sindicales”? No. Amigo. Ni tú ni tu sindicato merecen representar los intereses de los trabajadores de esta empresa.

No. Ernesto no volvió a formar parte del Comité de Empresa.

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