OPINIÓN

El derecho Internacional ha muerto

HUELGA GENERAL MUNDIAL POR PALESTINA
Parar el mundo para parar el genocidio

Lucy Rodríguez Gangura
 

A lo largo de la historia de la humanidad se han producido tratados, alianzas, acuerdos entre distintos pueblos y comunidades, sin embargo, sólo a partir del Tratado de Westfalia de 1648, podemos hablar de un conjunto de normas sistematizadas que afectan y condicionan la relación entre los estados. Este tratado, que pone fin a la Guerra de los Treinta Años y a la Guerra de los Ochenta Años, establece, formalmente, el principio de soberanía de los estados, eso sí, sólo afecta a Europa. Su valor reside en haber sido el antecedente más importante del moderno derecho internacional.

Es sólo tras la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, tras la Segunda, que podemos hablar de Derecho Internacional que afecte, en principio, a la mayoría del planeta, nació con la promesa de evitar que se repitieran los horrores de la guerra total, proteger a las poblaciones civiles y establecer límites al poder de los Estados. Tras la Segunda Guerra Mundial nace la ONU, y la Corte Internacional de Justicia, así como una serie de tratados que debían garantizar que “nunca más” los crímenes contra la humanidad quedarían impunes. Mucho más reciente es la creación, con base en el Tratado de Roma, de la Corte Penal Internacional, que se constituye como consecuencia de las operaciones de limpieza étnica en Yugoslavia y Ruanda.

El derecho internacional, como tal, abarca normas y principios que regulan las relaciones entre los Estados y, en ocasiones, los derechos y deberes de las personas. Su misión principal es fomentar la paz y la seguridad mundial, proteger los derechos humanos y asegurar la justicia en las relaciones internacionales. Sin embargo, hace ya mucho que su efectividad está en entre dicho debido a la falta de voluntad de muchos estados para cumplir con sus obligaciones y la debilidad de las instituciones internacionales para imponer estas normas.
Guerras no declaradas y basadas en falsas acusaciones (reconocido sin rubor alguno sólo unos años después), como la guerra de EEUU contra Irak, la invasión de Libia, las permanentes políticas de injerencia en la soberanía nacional de otros países por parte de EEUU y la Unión Europea, el vergonzante papel de las Naciones Unidas y, especialmente de los cascos azules, en la lucha del pueblo saharaui por su derecho a la autodeterminación, las medidas de coacción y bloqueo económico contra países como Cuba y Venezuela, a pesar de las decisiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la permisividad, cuando no complicidad, con el trato denigrante a las personas migrantes ocasionando miles de muertes en océanos, mares y desiertos, la destrucción de una país como Siria sin que nadie mueva un dedo, son sólo algunos de los síntomas de que el Derecho Internacional se encuentra, desde hace mucho, enfermo y en fase terminal. Pero ha sido el intento de genocidio del pueblo palestino quien ha certificado la defunción definitiva del mismo. EL DERECHO INTERNACIONAL HA MUERTO.

Desde octubre de 2023, en un mundo globalizado donde las imágenes de sufrimiento y destrucción se transmiten en tiempo real, la situación en Palestina ha expuesto de manera brutal la profunda quiebra del sistema internacional. Hemos sido testigos de cómo las resoluciones de organismos como las Naciones Unidas, que deberían ser el pilar de la paz y la seguridad mundial, se han convertido en meras declaraciones vacías, ignoradas sin ningún tipo consecuencias reales por el gobierno de Netanyahu y el sionismo asesino con la complicidad de Estados Unidos y la Unión Europea. Las cortes internacionales, destinadas a impartir justicia y asegurar la rendición de cuentas, se enfrentan a obstáculos insuperables, a menudo paralizadas por vetos políticos o por la falta de mecanismos efectivos para hacer cumplir sus decisiones. La retórica sobre la soberanía, la seguridad nacional o la "guerra contra el terrorismo" se ha utilizado como un velo para encubrir crímenes de lesa humanidad, dejando a las víctimas sin protección y a la llamada comunidad internacional vacía de contenido.
 Hospitales bombardeados, miles de víctimas civiles, especialmente niños y niñas, y desplazamientos forzados son documentados y denunciados por periodistas que acaban siendo asesinados, así como el personal sanitario, la utilización de la hambruna, provocada e intencionada, como arma de guerra, y, por último, las declaraciones de la necesidad del exterminio total del pueblo palestino realizadas con total impunidad. Resulta cada vez más difícil encontrar palabras, en diccionario alguno, para describir el horror al que se está sometiendo al pueblo palestino que se mantiene sólo con su propia resistencia y la solidaridad de las mujeres y los hombres internacionalistas del mundo.

La pregunta que debemos hacernos ante esta cruda realidad, no es si el derecho internacional ha fallado, sino si alguna vez tuvo la capacidad y la voluntad política real de operar de manera justa y equitativa en un sistema dominado por intereses del gran capital. La respuesta es NO. Las estructuras de poder internacionales, construidas sobre los cimientos históricos del capitalismo, el colonialismo y la explotación, perpetúan un orden donde la vida de unos pocos vale infinitamente más que la de muchos y muchas. El capital sólo entiende de beneficios, parar las fábricas, parar las obras, parar las administraciones públicas, parar la producción de plusvalía, eso sí lo entenderán. PARAR EL MUNDO PARA PARAR EL GENOCIDIO.
Sobre las dos grandes centrales sindicales internacionales, la Federación Sindical Mundial (FSM) y la Confederación Sindical Internacional (CSI), recae hoy la responsabilidad histórica de detener el genocidio, si no tienen el valor político, la gallardía de hacer una convocatoria de Huelga General Mundial, acabaran, como el resto de organismos internacionales, en la papelera de los desechos de la historia.
Más de un siglo y medio después de haber sido pronunciada por primera vez aquella famosa frase de Karl Marx “Proletarios del mundo únanse”, es hora de ejecutarla. Trabajadoras, trabajadores del mundo unamos por Palestina, paremos el genocidio. Somos más de 4.000 millones en el mundo, nunca hubo mayor ejército, pongámoslo en marcha. La clase obrera mundial debe tener un papel protagonista e insustituible en esta lucha internacionalista. Los trabajadores y las trabajadoras, en su diversidad y en su capacidad de organización, somos la columna vertebral de la producción y la economía global. Nuestra capacidad para detener las máquinas, para paralizar los sistemas de transporte, para negarnos a producir o transportar armamento son nuestras armas, es nuestro poder, hay que ejercerlo porque la lucha por Palestina es, en última instancia, una lucha contra el sistema capitalista global que se beneficia de la guerra, la explotación y la división de nuestra clase. 
El derecho internacional ha muerto en los pasillos de la diplomacia, en las ejecutivas de las grandes instituciones financieras, en los palacetes del gran capital, en los consejos de administración de las transnacionales, hagámoslo renacer en la fuerza colectiva de quienes hemos decidido no ser cómplices del silencio, de la impunidad y del exterminio del pueblo palestino.
Como trabajadora, como sindicalista y como internacionalista quiero legar a las generaciones venideras un mundo de dignidad y la dignidad, hoy, la de toda la humanidad, se juega en Palestina.
 

Canarias, 29 de agosto de 2025

Lucy Rodríguez Gangura
Sindicalista e internacionalista

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